Observando a los cientos de bumangueses que diariamente transitan por las calles de la ciudad, un espectro abrasador me hace cuestionar sobre la percepción de ellos sobre los espacios públicos que tiene la ciudad.
Dentro del círculo de análisis sobre los espacios públicos para los ciudadanos de Bucaramanga nos internamos junto con mi compañera Andrea en el Centro Comercial Parque Caracolí para observar la construcción de imaginarios alrededor de un lugar.

El Centro Comercial Parque Caracolí, ubicado en el sector comprendido entre Lagos I y Cañaveral (Floridablanca) abrió sus puertas en el 2013 y desde entonces ha venido creciendo y ofreciendo distintos espacios que van entre el ocio y el consumo, una combinación que para los centros comerciales (malls) resultan indisociables.
Los centros comerciales han supuesto aspectos dicientes dentro de la atmósfera que vive allí, incentivada por la función clásica de estos espacios: el consumo; generando nuevos modos de entretenimiento, nuevos imaginarios, nuevos significados, nuevos estilos de vida… lo que lo convierte en un nuevo hábitat social con determinadas características en los aspectos de funcionalidad y en la construcción social que se ha venido tejiendo allí.
Una ciudad ideal es recreada en el Centro Comercial Parque Caracolí de forma vistosa e imponente, en donde los hábitos de las familias y con ello los espacios de esparcimiento de los grupos sociales ahora han encontrado un lugar en el que se condensan sus actividades favoritas, un lugar que se afirma y se demuestra como la expresión más triunfante de la globalización y con ello el capitalismo que se instala a través de una potente influencia cultural del consumo, espacios en el que el usuario llega a percibir el consumo como una actividad de ocio.

Eventos, conciertos, desfiles de moda, exposiciones de arte, interacción dinámica entre producto y consumidor se ven durante todo el año en este mall, proporcionándoles a los visitantes un acercamiento directo a sus instalaciones para así persuadirlos en el consumo lo máximo posible. Esta ‘micro-ciudad’ o ‘ciudad perfecta’ es un lugar emblemático en las recreaciones culturales individuales o colectivas, que no pueden escapar del placer humano de consumir, de generalizar los espacios considerados tardos en ‘desarrollo’.
Una experiencia en la que se hallan diferentes maneras de vivirla e interpretarla, debido a la proliferante conglomeración de diversos grupos sociales y los que pueden distar uno de otros en cuanto los fines con los que se llegan al centro comercial, uno de ellos son los “marginados” por la economía, es decir, los de clase baja quienes van, generalmente los fines de semana a pasear por el lugar sin el objetivo de consumir, sino simplemente vivir la experiencia gracias a lo bien constituido que está estéticamente el centro comercial y a los espacios de ocio que se ofrecen de manera gratuita, lo que conforma una afirmación que contradice la finalidad de un c.c, que es el de consumir; cuando “están bien” económicamente llegan a los centros comerciales como muestra de un estatus social que genera la economía en los centros comerciales.
Se le reconoce como “otra ciudad” porque todo y todos se encuentran y forman una burbuja social ideal para instalar imaginarios de lo que significa estar en ese espacio que genera un estatus social que se interpreta según la clase social del grupo o individuos. Una burbuja ambientada de un cuidadoso aspecto estético diseñado para que la comercialización se vea cada vez más atractiva.

Es aquí donde se ve reflejado una rica mezcla de estratos que hacen de un estudio de culturas muy visibles comparando comportamientos en cada una de estas. Todas las clases sociales se observan allí. Al observar detenidamente se muestra cambios notorios en las maneras de comportarse dentro de este lugar.
Los malls son visitados mayormente por personas de estratos bajos que no tienen suficientes recursos para salir a pasear a un lugar diferente fuera o dentro de la ciudad. Para cada público abundan diferentes actividades recreativas de ocio y consumo, por ejemplo, para los niños y niñas se observa que existe una gran cantidad de juegos coloridos, desde los precios más accesibles, hasta los precios nuevamente dirigidos a un solo público (estratos altos). Para los adolescentes se encuentran heladerías, salones de juegos electrónicos e incluso salas de cine. Cabe resaltar que los días miércoles, se observa una mayor cantidad de jóvenes entre los 13 a 20 años debido a su inestabilidad económica y dependiente de su familia; y grupos de personas de estrato 2-3-4, mientras que los demás días, precisamente los fines de semana se observan muchas más familias. Para los padres se encuentran los locales de mercado, disfrutando también de paseos por los largos pasillos.
Dentro de una comparación entre los estratos sociales se identificaron variables muy marcadas: Los grupos de personas de estrato 2-3 aluden el paseo por el centro comercial como una actividad de entretenimiento saliendo de la rutina diaria de la semana junto a su familias y amigos. Dentro de las actividades que realizan se observa el cine, recreación en pequeñas zonas para niños, consumo en los estantes de heladería, específicamente en Popsy. Esto hace énfasis a las actividades comunes que realizan cada vez que visitan el centro comercial.

Mientras los grupos de personas de estrato 4-5-6 y hasta 7 no ‘pasean’, dentro de las actividades observadas que realizan son: consumo de alimentos en los restaurantes ubicados en la terraza como Doña Petra, junto a su familia en la mayoría, pocos grupos de amigos en Beer Station, cervecerías y demás sitios.
Otras variables analizadas y estudiadas dentro de la observación y la participación fueron los aspectos verbales y no verbales, en los primeros se destacan el vestuario, donde las personas de estrato 1-2 se visten de forma un poco formal, cuidando su imagen a simple vista, mientras que los estratos 3-4-5 van un poco más informales, incluso con ropa deportiva, un estilo descomplicado.

Las realidades que interactúan en un centro comercial pueden llegar a distar considerablemente debido a la diferencia de clases que se pueden encontrar en este centro comercial, sin embargo, los modos de comportamiento durante los momentos de interacción que hay en este espacio se llega a un común acuerdo que es el de querer consumir (aparentar) o consumir y de igual manera se estaría justificando el fin para el cual fue creado un centro comercial en la actualidad. El espacio común urbano es reemplazado por los centros comerciales al que las personas recurren por un espacio que reúne las funciones deseadas y en el que está estéticamente constituido para ser visto, admirado y disfrutado, es decir, un espacio de entretenimiento y persuasión.
Por: Karen Michelle Arenas y Yuliana Andrea Ojeda.

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