Un dolor en el pecho que diariamente me hacía sentir insegura, una fatiga atípica cada vez que hablaba, mi cuerpo perdía peso continuamente, mi cara más distraída y pálida de lo normal, mis labios agrietados aún después de haber bebido mi jugo favorito… pero seguía riendo y corriendo debajo de la lluvia como si la vida se tratase de ignorar.
Nunca pensé que esos síntomas me guiarían hacía un camino donde habitaban personas reales, nobles y fuertes que podrían motivar hasta al ser humano más enfermo y negativo del mundo…sin exagerar.
Resumiendo, el inicio de esta historia, hace un año me diagnosticaron tuberculosis pulmonar, en realidad inicié el tratamiento asustada, el temor tan tremendo al asociar esa palabra como un proceso que implica dolor y muchos años hace que uno inevitablemente decaiga emocionalmente deseando con muchas fuerzas retroceder el tiempo, sintiendo impotencia cada segundo por no haber evitado ese momento, pero, la realidad puede ser tan cruel o tan dulce, como se desee verlo.
Pero éste no es un post hablando de mí, ni de mi enfermedad que logré acabar. Éste post va centrado particularmente en Oscar Jimenez, joven de 25 años, a quien conocí en los largos pasillos de la Clínica de Girón cuando iba por el medicamento diario.
Oscar Jimenez vive con su madre, Esperanza Mantilla, sus dos hermanos menores, Juan de 19 años y Gabriel de 15, Juan trabaja en un restaurante como mesero y Gabriel está terminando su bachillerato en el Colegio San Juan de Girón. Son muchachos muy juiciosos. Oscar lleva dos años luchando contra la tuberculosis pulmonar tipo B, y al preguntarle sobre a qué se dedicaba se le cortó la voz, no podía hacer nada debido a que debe mantenerse alejado de las personas ya que su enfermedad está muy acelerada y podría convertirse en una pandemia.
Oscar tiene unos ahorros que ha tenido guardado durante años, de vez en cuando saca para ayudar en la casa, su mayor deseo es que Gabriel, su hermano menor, entre a estudiar en la universidad. Con los ojos humedecidos me dijo que está loco por ver a su familia salir adelante.
Oscar tiene una novia, Camila Bohorquez, quien le ha ayudado durante los dos años a mantener a su familia con lo que puede, la describe como una mujer que merece las mejores bendiciones de la vida, que no puede creer que aún siga con él, pero a medida que iba hablando con Oscar entendí el por qué Camila está junto a él.
Él piensa abrir un negocio simple, una ferretería, una droguería, una tienda. Le pregunto si una licorería y me dice que sí, pero él es un hombre honorable, serio, con valores morales, y no desea hacer dinero vendiendo cosas que hacen daño a la sociedad, que intoxican. Realmente me dejó impresionada por su percepción de la vida. No lee libros de filosofía, pero me parece que con sus experiencias daría una de las mejores cátedras de filosofía. Mientras me contaba sobre su vida, nunca se quejó de su enfermedad, ni de su economía familiar, noté en sus ojos un mundo de impresionante motivación y nobleza. Dice que siempre está haciendo algo en su casa, barre, trapea, organiza su casa, lava, plancha, cocina. Le gusta moverse a donde quiera, aun teniendo un tapabocas las 24 horas del día los 7 días de la semana durante 2 años. Me dice que lo peor de la tuberculosis es el calor tan insoportable que siente al tener que usar un tapabocas en Girón.
Mientras hablábamos sentía que no pasaba el tiempo, quería hundirme en sus experiencias y saber sobre cada episodio de su vida, creo que cualquier persona hubiese sentido lo mismo. Eufórico me dice todo lo que hará el siguiente día, me recomendó varios documentales sobre los mejores edificios en el mundo, le gusta la arquitectura y me enseñó uno de sus diseños en su celular, realmente un personaje asombroso.
Sus consejos fueron como globos de esperanza que caían debajo de mí. Nunca olvidaré ninguna de sus palabras porque las escribí y porque quedaron clavadas en mi cabeza.
“No existen cosas malas ni buenas en nuestra vida, son solo acontecimientos que pasan porque está en su naturaleza, pero es uno quien les da un significado. Alguien podría ver la enfermedad que tenemos como lo peor, de hecho, al principio lo sentí así, pero al poder hacer cosas que antes no hacía, hablar con personas que jamás hubiese pensado en hablarle, compartir más con mi familia, vivir pensando en lo bonito que es la vida y hacer caso omiso a las cosas que nos hacen llorar, se olvida de los sentimientos negativos y florece la esperanza, esperanza como mi mamita Esperanza quien fue la que ha estado conmigo cada segundo de mi vida. Esta ‘enfermedad’ como la llaman es una oportunidad para motivarme más en derrotar temores, pensamientos negativos, hipocresías y odios innecesarios. Nunca imaginé tener esto, pero todo puede pasar y es bienvenido, mi objetivo es darle el valor positivo, estoy agradecido”.
Le sugiero que sigamos en contacto y actualmente seguimos hablando, no diariamente, cada 2 semanas nos preguntamos sobre nuestras vidas. Oscar está terminando su tratamiento en compañía de su familia y me dice que al terminar el tratamiento lo que más va a extrañar son las personas que conoció en uno de los fríos pasillos de la clínica.
Al pasar aproximadamente dos horas charlando y contando anécdotas, él menciona que debe irse y que no me olvidara de él. Y por supuesto que no lo haría, Oscar Jimenez abrió el camino de arbustos y ramas cortantes que veía al frente mío, y no las apartó, me hizo creer que lo mejor sería moldearlas o dibujarlas en mi mente como pétalos de flores de todos los colores tan suaves que me motivaría a plasmarlas en un papel.
Necesitamos gente como Oscar Jimenez. Por eso, después de ese grato encuentro decidí ver aquella circunstancia como una oportunidad para reflexionar sobre mis hábitos, opiniones personales, sentimientos y capacidades que sin lugar a dudas me hizo renacer como una flor de loto. Como anexo, las flores de loto crecen en el lodo y me parece realmente increíble como la naturaleza logra adaptarse a cambios a veces tan bruscos, pero aun así logran crecer con mucha más fuerza que antes.
“Creo que un ser humano debería poder decir sus últimas palabras y creería que sería ‘Gracias’, gracias por el don de la vida”.
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