“El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en explorar nuevos territorios sino en explorar con nuevos ojos”. –Marcel Proust.
Un silencio, un respiro y un llamado.
Caminando desapercibida por las angostas y largas calles de Bucaramanga, crujientes ruidos llaman mi atención, motos, automóviles, pitos queriendo llamar la atención del tráfico, un grito de un bebé seguido de un dulce quejido…todo sucede rápido, hay mucho ruido vacío; observo a los transeúntes caminando como si su vida se tratara de una batalla sin victoria, tan solo una guerra violenta.
A lo lejos de mi vista miope, contemplaba recuerdos de lo que fue mi infancia borrosa en una montaña, fría y silenciosa, pero con toques calientes de bondad y claridad. La montaña de mis recuerdos sonaba mágica, e inocentemente popular, así que me inicié en éste maravilloso viaje al centro del silencio.
3 de marzo de 2018, sábado.
Me dispuse respirar profundo, imaginar el final de éste primer encuentro y en lo bien que saldría. Mientras subía una pequeña rampla de arena, observé a lo lejos un portón enorme color marrón, las puertas eran muy grandes, anchas y parecían de un material resistente, estaban abiertas, parecía un portón como en esas películas en donde el protagonista conoce el cielo y espera ser aceptado en el paraíso.

Alrededor de esas fantasiosas puertas se veían hojas cayendo de los árboles cercanos, plantas en plena etapa de adolescencia, un camino lo suficientemente espacioso decorado con piedras pequeñas; me sentí bienvenida, como si alguien me estuviese diciendo: ¡Pasa, te estábamos esperando con ansias!
En realidad, tenía muchos nervios, no sabía con quién hablar para presentarme, ni cómo manejar la situación. Al llegar al lugar de encuentro pude observar al frente de mí una panadería, un establecimiento mediano, sencillo que naturalmente desprendía de algún lugar el olor a pan recién preparado e inevitablemente me sentí dichosa de estar percibiendo tan exquisito aroma. Observé detenidamente hacía las vitrinas y vi al otro lado a dos hombres con un traje largo, ancho, color marrón y una llamativa barba atendiendo a los feligreses que se encontraban en el lugar. Me senté en un rincón del lugar, la mesa era pequeña pero cómoda.

Días anteriores había hablado con un hombre, el padre Daniel, informándole sobre mi visita a la montaña, su voz por el teléfono me hizo sentir tranquila, pues su bondad al responder causó en mi un impulso de felicidad para interesarme más en dicho proyecto.
Mientras tomaba nota de los comportamientos de los ermitaños en la panadería, escuché a lo lejos un confuso canto, me dejé llevar por mis oídos, caminé hacía un salón muy grande, el laura, un lugar sagrado donde se realizan las eucaristías, inmediatamente recordé que debía presentarme frente al padre Daniel.
Caminé hacía un pequeño salón justo al frente del laura, buscando quién me diera razón de la ubicación del padre y durante el corto camino vi a un ermitaño sentado en una silla de plástico blanca hablando cómodamente con un feligrés, le pregunté sobre la ubicación del padre y me dijo que fuera al confesionario, allí me acompañó a un pequeño salón donde se veía todo el panorama de la montaña, un lugar muy fresco y frío, en ese lugar se encontraban 5 personas sentadas en sillas de plástico blancas, supuse que estaban esperando para confesarse; miré hacía un lado y había 3 cuartos sin puertas muy pequeños, justo a la medida de una persona y dentro de los cuartos cada feligrés se veía concentrado escribiendo sobre un pequeño papel. Al entrar al pequeño cuarto en la parte superior de la pared observo un tablero colgando, allí se describía muy claramente cada paso para hacer una buena confesión.

El ermitaño que se encontraba conmigo, el hermano Bruno, le pidió a un feligrés que esperaba entrar el favor de cederme su turno, mientras yo le aclaraba que no me iba a tardar. Me dispuse a abrir la puerta para conocer al padre Daniel, mientras la abro noto que la manija está muy abajo, me causa curiosidad y entro, me agacho para cerrar la puerta y uso el candado, me doy vuelta y allí estaba un hombre de ojos azules, piel rosa y tersa, cabello color castaño oscuro, un traje de color marrón como la tierra, un escapulario blanco y sobre éste una imagen sagrada; el padre Daniel, cuya expresión de asombro y amabilidad me dejó casi sin palabras me saluda con un fuerte apretón de manos y una afectuosa sonrisa.
Mientras él me compartía sobre su vida eremítica, yo participaba en sus relatos preguntándole más, sus expresiones faciales hacían alusión a un hombre sutil, delicado y paciente, su tono de voz yacía de una singular particularidad, la serenidad con la que se refería a cada pregunta que escuchaba, una voz suave y clara como las aguas más cristalinas de Ko Phi Phi en Tailandia. El padre Daniel lleva 9 años en la montaña y se define como un hombre fielmente consagrado a la vida eremítica.
Daniel se refiere brevemente a la montaña como un símbolo de la vida nueva desde el lado existencial y simbólico sobre en el que en diferentes aspectos se entrelazan y fortalecen la tradición ermitaña de siglos pasados imitando devotamente a Jesús. La Montaña del Silencio es un lugar que lleva funcionando aproximadamente 20 años, su fundador, el padre Antonio Lootens que junto a la madre Andrea de Jesús en 1993 en Costa Rica crean la comunidad de Ermitaños del Padre Celestial y deciden emprender un largo y fructífero viaje.
El padre Antonio Lootens nació en Gante, Bélgica en 1934, en 1951 ingresó en la congregación del Inmaculado Corazón de María, conocidos por los misioneros de Scheut por el barrio de Bruselas donde fueron fundados por el padre Teófilo Verbist en 1862. A causa de una enfermedad tuvo que abandonar su formación en primer año de Teología.

Padre Antonio Lootens, fundador de la primera comunidad de ermitaños de Colombia. Fuente: Google.
Seguido de esto, padeció amigdalitis crónica combinada con una úlcera estomacal, pero en ese periodo estudió medicina hasta quinto año. Era un estudiado indeleble, asegura el padre Daniel.
Una vez terminó el tercer año de sus estudios teológicos en una sucursal jesuita de la Universidad Gregoriana de Roma y de haber derrotado la enfermedad, se trasladó para ser ordenado sacerdote al seminario de Antananarivo (Madagascar). Al poco tiempo de concluir el cuarto año de teología y días de ser ordenado diácono, cayó gravemente enfermo de anquilostomiasis, lo cual redujo su peso de 71 a 38 kilos. Él esperaba la muerte, pero el sacerdote que le suministró los últimos sacramentos lo llevó a su casa, allí inició con un estilo de vida diferente, se curó con una dieta completamente naturalista al cabo de tres meses.
Fue ordenado sacerdote en 1971 por el obispo de la diócesis, monseñor Giuseppe Bonfiglioli, tras trabajar diez años en el Santuario de la Virgen de las Lágrimas de Siracusa, Italia. Allí también vivió sus primeros años eremíticos acentuado en grutas excavadas por el mar, completamente solo. El padre Antonio Lootens quiso volver a ser misionero, fue así como en 10 años se convirtió en párroco de Texiguat, Honduras, en la selva y entre los indios chorotegas, para quienes creó un hogar de medicina natural a petición del entonces arzobispo de Tegucipalpa, Héctor Enrique Santos Hérnandez.
En 1993 en la diócesis de San Isidro de El General, Costa Rica, surgió la idea de fundar una comunidad contemplativa, empezando por dos hermanas y un seminarista, con el fin de considerarse ermitaños, pero a lo largo del tiempo decidieron agregarle una segunda actividad, la misionera, con el fin principal de promover los Cenáculos. Fue un deseo compartido por la entonces hermana Gabriela del Amor Crucificado, quién inició una comunidad dedicada a los medios de comunicación en Cali, las actuales Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial.

Antonio Lootens llegó a Bucaramanga, Colombia, donde vivió como ermitaño de lunes a viernes y los fines de semana celebrando misas donde acudían miles de personas.
En la comunidad ermitaña hay tres padres, cada uno se encarga de realizar las eucaristías a diferentes horas del día, mientras dos padres están confesando, el otro se encuentra celebrando la Santa Misa. En ese momento el padre Daniel estaba confesando, los feligreses esperaban su turno pacientemente para ingresar al pequeño salón a encontrarse con la absolución de sus pecados, pero antes debían pasar por la catequesis hecha por un hermano donde él habla a los visitantes sobre temas específicos, la familia, el amor, el respeto, la tolerancia en las relaciones, todo centrado en Dios.
Veo algunos asistentes escuchando la eucaristía, mientras los demás esperan su turno en el confesionario, el templo está al frente de éste lugar, así que los feligreses no se pierden la palabra de Dios mientras esperan su turno para confesarse. Mientras unos esperaban y asistían a la misa, otros feligreses se sentaban a hablar con los hermanos, incluso vi que uno de ellos dialogaba cómodamente con un visitante, se reían, intercambiaban palabras y pude percibir un ambiente muy genuino.

Muy temprano los sábados, la primera eucaristía que se celebra es la de la comunidad, el grupo de ermitaños y ermitañas se reúnen a orar; de 10:00 am a 11:00 am se celebra la eucaristía con los feligreses y dependiendo de la cantidad de personas que lleguen a la montaña realizan la misa en el sagrario, que es un lugar más pequeño ideal para una cantidad de personas moderada que el templo sagrado, el lugar principal donde se celebran las eucaristías los domingos en las mañanas; y en la tarde se realiza la última eucaristía.


Los domingos la eucaristía inicia a las 10:00 am y la mayoría de las veces en la que hice parte de la celebración vi al Padre Elías celebrar esta misa, la ceremonia tiene una duración más extensa que las demás, pues termina a las 12:00 del mediodía, la cantidad de personas que llegan a escuchar esa celebración se triplica, llegando a completar el recinto sagrado.

La eucaristía tiene 3 dimensiones: tabernáculo de adoración, altar de la inmolación y hostia de irradiación. Su vida en torno a la oración, ayuno y penitencia.
10 de marzo de 2018, sábado.
A las 7:30 de la mañana veo a dos ermitañas abriendo pequeños stands, en uno de ellos una librería, conté gran cantidad de libros religiosos donde los feligreses pueden elegir a su gusto según su interés; collares y cuadros también hacía otro lado, en la tienda de la izquierda se venden helados y obleas, en cada local hay una ermitaña que atiende a los visitantes, ellas además de permanecer en cada stand se relacionan amablemente con las personas que pasan al frente, incluso algunos feligreses aprovechan sus momentos libres para conversar y pedir ayuda espiritual.



Alrededor de las 8:30 am veo que hay un ermitaño dentro del salón de catequesis sentado esperando a que feligreses se reúnan para iniciar con la charla espiritual. Poco a poco iban llegando grupos de 4 personas al salón, se sientan. Escucho al ermitaño exponer muy naturalmente el tema, se desenvuelve y se relaciona con los feligreses con una asertividad leal, las expresiones corporales hacen de su exposición una reflexión profunda y sentida, muchos feligreses aciertan continuamente con cada palabra expresada por el ermitaño, el tema principal, el amor real y puro de los hombres entre ellos mismos.
Los eremitas tienen 3 principales motivaciones, su primera motivación es que, Dios padre es sensible en nuestra ternura, su segunda motivación es que, Dios hijo anhela nuestra colaboración, y la tercera motivación es que, el espíritu santo necesita canales por donde pase su luz, su fuerza y su amor.
“No hay crisis de vocaciones, lo que sucede es que el llamado actual es una vida consagrada austera y ascética”. –Padre Antonio Lootens.
A las 8:43 am en el laura sagrada veo a un ermitaño sentado en una de las escaleras y junto a él un joven de aproximadamente 15 años hablando. Ésta escena suele ser muy común en las horas de la mañana antes de la ceremonia de 10:00 a 11:00 am.
Dirigiéndome a la salida del laura vi a un ermitaño bajar de la clausura con dos bolsas y un tarro grande blanco en sus manos, le pregunto a un ermitaño que se encontraba cerca de mí y me dice que lleva víveres. La clausura es el lugar donde los ermitaños conviven diariamente, es allí donde se ubican las ermitas, sus casas.
A las 10:00 am inicia la eucaristía del domingo, vi a muchas personas incluso afuera viendo la ceremonia a través de las ventanas. La misa inicia con cantos sublimes y una organización muy rápida de los ermitaños.
Hacia la pared, justo al lado de las ventanas donde se ve un paisaje indomable, observo detenidamente a los ermitaños novicios y profesos, todos participando en la eucaristía del domingo.

Aproximadamente a las 12:30 del mediodía se dio inicio a la ceremonia, el padre Elías es el que hace en la mayoría de las veces esta misa que dura 2 horas. Noto en las personas una gran comodidad, lo escuchan y asienten. Él en ocasiones hacia bromas y las personas respondían con una carcagada. Al terminar la eucaristía, observo al padre Elías trasladándose hacía el lado superior del templo y se despide de los feligreses para recibir su bendición. Noté que es muy querido por los fieles, algunos le pedían abrazos y él les correspondía amablemente con una sonrisa. Una vez todos se despidieron, sube nuevamente al confesionario a seguir con su labor sacerdotal, allí seguían esperándolo otros fieles.
En el segundo día conocí al ermitaño Bernardo, un joven muy amable y sabio que a su corta edad tiene una visión espiritual firme y ejemplar. Decidimos sentarnos en una de las mesas de la panadería y conocer en profundidad la esencia de la comunidad.
El hermano Bernardo de la Inmaculada Concepción me habló respecto a su vida eremítica, él es profeso temporal y fue el primer ermitaño con el que me senté a hablar sobre su vida consagrada. Bernardo tiene 22 años y lleva 4 años en la comunidad. Para él la vida eremítica es una porción de rebaño de la iglesia que se dedica a estar a solas con Dios, da un ejemplo particular con las relaciones de pareja o familiar, explicando que una relación implica tiempo, sacrificios y continua renovación.
La vida monástica para Bernardo es un llamado de Dios a estar a solas con él, es hablarle, escucharle y pedirle por las necesidades del mundo entero, servirle a los demás y dar a conocer a Dios como fuente necesaria en la vida de los seres humanos. La vida monástica supone un desprendimiento que lejos de ser solo renuncias son oportunidades, el hermano Bernardo recuerda a su fundador, el padre Antonio Lootens con frases destacadas. El me expresó que el renunciar a algo supone el estar abierto a nuevas oportunidades, el buscar algo mejor para nuestro diario vivir. El hermano Bernardo alude en seguida al voto que hacen, éste voto que realizan significa un bien mejor según sus convicciones y deseos.
Durante nuestra conversación, el hermano Bernardo se mostró tranquilo y seguro, liberando confiadamente su pasión por la vida eremítica. La forma en la que él se expresaba me causó serenidad y dulzura a su alrededor, en algunos momentos se desviaba del tema principal extendiéndose un poco a otros, me narró cómo fue su discernimiento hacia la vida consagrada en soledad. Se abrió conmigo y narró que como todo niño admiraba a ciertas personalidades y él en su caso a un sacerdote de su comunidad. Poco a poco se fue involucrando con grupos de oración, conoció a la comunidad de ermitaños y sintió un gran impulso en su corazón en conocer más su estilo de vida, pero nada en concreto, observaba después a los hermanos realizar sus rutinas diarias durante 15 días en la montaña sin reflexionar verdaderamente el sentido de su estadía, solo permaneció allí. Después de un tiempo, me cuenta, que entendió que era un llamado de Dios, hizo una pausa y dijo que no sabía si sería ermitaño toda la vida, pero que por ahora es lo que Dios ha querido para él y se siente muy feliz perteneciendo a la comunidad, después de ésta confesión sonrió.

“Me siento muy cómodo y feliz estando acá, a veces me pongo a imaginar cómo sería mi vida en la ciudad y no me siento completo, eso no es para mí, yo no fui llamado para eso”. -Bernardo.
El término ermitaño viene del latín “ermita” y este del griego “ermites” (del desierto).
Bernardo me explicó qué es ser un ermitaño, juntos sentados en el laura me contó que existen comunidades religiosas dedicadas a la educación, a los jóvenes, los ancianos, los enfermos, los pobres, a misionar en los lugares más remotos donde no llega el evangelio. Me expone que existen comunidades de claustro que viven en comunidad, es decir, una comunidad semi-cenobítica. “Nosotros somos de claustro y tenemos dentro del claustro un asentamiento de soledad y silencio que en otras comunidades no se ve. En muchos aspectos de nosotros expresamos nuestras tradiciones, por ejemplo, en la oración que tiende a ser solitaria. La soledad es la que se aparta para abrirse más a los demás”.
Dentro de su diario vivir existen momentos en los que guardan silencio, por ejemplo, en las comidas, a medida que van pasando los años, los ermitaños tienden a estar un poco más apartados de las personas, de su comunidad. La idea principal de su carisma sobre el guardar silencio es “Callad los hombres para incrementar el diálogo con nuestro padre celestial”. De ésta manera se diferencia la vida eremítica a los demás estilos de vida religiosa.
Le pregunté sobre cómo lograban financiarse y mantenerse y él me contestaba que gracias a que ellos trabajan en la panadería, en el restaurante, en sus locales y las donaciones que reciben de algunos feligreses los fines de semana, logran mantenerse económicamente. Bernardo confía en Dios, asegura que nunca se han sentido abandonados por Dios ni por los fieles.
Antes tenían la panadería, pero a medida que se fueron dando cuenta los primeros ermitaños que muchas personas llegaban a la montaña y que en ocasiones permanecían en los confesionarios todo el día esperando su turno, surgió la idea de abrir dos establecimientos de comida y así permitir que los feligreses que se quedaran durante el día pudieran llenar sus estómagos.
“…como dice el señor en el evangelio, no se preocupen por el comer ni el vestir, los pájaros y los lirios del campo tiene cómo vestirse y cómo comer y no se preocupan por eso. Cuánto más ustedes…” Expresa la frase con una pequeña sonrisa y gran seguridad. “Aquí le dicen una frase muy bonita cuando uno llega, ‘usted preocúpese de las cosas del Señor y el Señor se ocupará de sus cosas’», esa es una de las primeras frases que inspiradoras que he podido escuchar y degustar.
Los ermitaños del Padre Celestial usan 3 trajes: para hacer deporte utilizan una sudadera, camisa y tenis, para las labores domésticas de lunes a viernes un hábito similar al que usan los fines de semana, pero un poco más descuidado debido a sus trabajos diarios, y otro es el que usan los fines de semana, para dormir utilizan una sudadera, camiseta y sandalias. Ellos usan su hábito respetuosa y adecuadamente.
Cuando los ermitaños deben ir a la ciudad siguen usando el hábito, consideran que un buen ermitaño nunca debe ser visto por las personas sin su traje. El hermano Bernardo me contó que cuando debe bajar de la montaña y llega a la ciudad siente las miradas de muchas personas a su alrededor, riendo me dice que incluso se acercan y les preguntan el por qué de su vestimenta, quiénes son y de dónde vienen, otros quienes asisten a las eucaristías los reconocen y los saludan con alegría.


El hábito de los ermitaños fue creado por los padres fundadores de la comunidad, tanto su color, textura, e implementos: el escapulario, la capucha, el santo rosario, la correa. Específicamente el hábito en la vida monástica se remonta en los primeros santos con San Basilio y San Benito, quienes tenían la costumbre de usar un hábito por dos razones dicientes:
- Signo de pobreza: Un símbolo de renunciar a la vanidad del mundo.
- Signo de pertenencia a Cristo: Símbolo de identidad a una comunidad religiosa.
“El color marrón de la túnica evoca a la tierra, haciendo alusión al pasaje del evangelio donde Jesús habla del grano de trigo que cae en la tierra y muere, no puede ser vida. También es un color sobrio que no llama la atención que es algo muy propio del monje, este color es sencillo y pasa desapercibido”. Me narra, el hermano Bernardo.

Cada elemento de su hábito tiene un significado, por ejemplo, la correa evoca castidad; las sandalias simbolizan el estar dispuestos para correr si la misión lo amerita; el Santo Rosario como un símbolo de pertenencia a Jesús por medio de la Virgen María y su devoción por todos los seres humanos y al rezo del Santo Rosario; el escapulario como símbolo de las promesas de Cristo.


La comunidad de los Ermitaños del Padre Celestial sigue una dieta ovolactovegetariana y para mantenerse en óptima salud siguen las recomendaciones de la medicina natural, considerada según la Organización Mundial de la Salud como la mejor dieta para una salud estable y sana. El hermano Juan María me dice que la alimentación original que Dios dio al hombre antes del pecado fue de hortalizas, verduras, hierbas y frutos secos; después del pecado dio la orden de poder comer de todo lo que quisieran. El padre Elías menciona que el comer carne no es pecado, sin embargo, hay más ventajas de comer verduras y frutas, sobre todo señala la situación actual de crisis alimentaria en los humanos.
Comunidad
En la comunidad hay 3 padres: Elías, Daniel y Dimas.
10 hermanos de los cuales se dividen en novicios y profesos. Novicios: hermano Pedro, hermano Damián, hermano Juan María y hermano Francisco. Y profesos: hermano Bartimeo, hermano Bernardo, hermano Ignacio, hermano Juan José, hermano Felipe y hermano Bruno.
Cada uno de ellos, durante su discernimiento de vocación eligió el nombre religioso que, además, tiene un significado guardado en la biblia.
Elías de Jesús Crucificado, Juan María de la Santa Cruz, Bernardo de la Inmaculada Concepción, Bartimeo de Nuestra Señora de la Candelaria, Ignacio de la Inmaculada Madre, Dimas Ricardo María, son algunos de los nombres completos de los ermitaños formados a partir de su conversión a la vida consagrada, para ellos como un símbolo profundo de desprendimiento del mundo civil y la integración a una vida puramente consagrada.
“Nosotros por medio de la oración estamos con Dios durante todo el día, tenemos ciertos espacios de oración, que es la liturgia de las horas, es la oración universal en la que toda la iglesia la hace compuesta por salmos y oraciones en donde uno se une a toda la iglesia para orar por la humanidad… Se puede alabar a dios en el trabajo cada día, nosotros hacemos todo para la gloria de Dios. La gente piensa que nosotros nos levantamos para orar, encerrados en la capilla y ya, no es así, nosotros trabajamos, debe ser así, tenemos que sostenernos, como lo hizo Jesús”.
-Hermano Bernardo.
La etapa del noviciado, según el hermano Juan María es como la etapa del noviazgo, un conocimiento diario con la persona amada, autorreflexión y evaluación de conocimiento. Los postulantes tienen un maestro que es un hermano profeso, clérigo, encargado de velar por ellos, tienen una capilla en común, ellos comen, rezan y viven juntos. El noviciado va de 2 años, donde las pequeñas casas están un poco más separadas y tienen una capilla en común.

La clausura de los ermitaños de Piedecuesta es un terreno bastante grande y completo para ellos, allí se dedican diariamente a las tareas domésticas y vocacionales. Cada ermitaño vive en ermitas, pequeñas habitaciones justas para una persona. Caminé junto a dos hermanos, el ermitaño Bruno y Bernardo, me enseñaron toda la clausura, me llevaron a cada ermita y cada salón en donde ellos se desenvuelven continuamente.
Un largo silencio, una calma intacta, solo escuchaba las gotas de lluvia caer por los fuertes tejados, me encontraba sentada en la sala principal, allí había una mesa grande, al frente estaba la cocina, hacia los lados veía algunas ermitas y el panorama más grande era un majestuoso mar verde que nos rodeaba.
La ermita para un ermitaño es su recinto sagrado, su propio espacio para desbordar sus pensamientos y reflexiones con el amado. Al entrar a una vi una cama pequeña, tendida, las paredes eran blancas, me percaté de que había un baño muy pequeño, hacia un costado un sagrario de perfecto tamaño para una persona y en él una biblia sobre una diminuta mesa, una cruz y una vela.






Los aspirantes y postulantes rezan en voz alta, en común, mientras que los novicios rezan de manera individual.
Una vez se hace los votos, el ermitaño pasa a tener una ermita más grande y más alejada, se convierte en profeso. La ermita tiene un baño, una cama, un escritorio, una capilla pequeña donde solo cabe él, está el santísimo y sus libros. A la hora de comer, ellos lo hacen de manera individual en donde deseen.

La zona del noviciado es la zona central donde están los lavaderos, la peluquería se encuentra a un lado donde ellos mismos se peluquean, según Bernardo; más adelante hay un cuarto de ropa para cuando deseen cambiarse de camisa o darle alguna prenda a un visitante del encuentro, hay un economato o la dispensa (mercado), hay una biblioteca espaciosa y fría, una bodega de herramientas, una cocina y una sala para compartir y realizar los ágapes.
Me dispuse a ojear la biblioteca y noté que hay algunos libros de literatura universal, por ejemplo, libros del señor de los anillos, el favorito del hermano Bernardo y un stand “negro” donde se encuentra el código de Da Vinci, obras de Allan Poe, Shakespeare y dentro del contexto religioso gran cantidad de escritos de teología, filosofía, novelas, espiritualidad, entre otros. En la biblioteca hay un computador con Internet, es así que cuando un hermano o quienes están en el seminario (hermano Juan José y el hermano Ignacio) necesiten realizar un trabajo pueden buscar textos para ampliar su conocimiento y fortalecer su fe a través de escritos en la Web. El padre Elías tiene un computador propio, el padre Daniel una tableta y los dos hermanos que asisten al seminario cuentan también con una tableta, sus familiares los ayudan bridándoles los materiales necesarios.
En la biblioteca también hay un televisor y un vídeo beam para ver películas en días especiales como en ágape. Dentro de la serie de películas que los ermitaños ven están las reflexivas, las religiosas y las animadas, de preferencia que dejen un mensaje positivo y que los ayude a fortalecer su fe.
La jornada de clases son en las tardes, realizan la catequesis de la Sagrada Escritura, donde debaten ideas, tanto de dogmática como de moralidad, ellos logran comunicar sus opiniones mediante el encuentro fraternal diario. Ésta práctica también se logra ver en el comedor.
La vida en soledad
La comunidad define la soledad como un encuentro lleno de profundidad con el ser amado, diferente al solitarismo, como el ejemplo que me nombró el padre Dimas, un adolescente que se desentiende del mundo para mantenerse encerrado en él, en sus propios gustos. Por eso, existen horarios especiales para mantenerse en una comunicación más efectiva con Dios, días en los que están en oración, recogimiento, silencio, soledad y apartamiento del mundo.


El hermano Bernardo me compartió una frase que decía el padre Lootens, haciendo referencia a la comunidad como una clínica y a los que están más enfermos los dejan de por vida, la montaña es el lugar sagrado donde la gente llega buscando ayuda para curar su alma; los padres en los confesionarios son los cirujanos, mientras que los hermanos somos los médicos que tratan de guiar a los con sus consejos de salud diaria.
Estuvimos debatiendo de la actualidad y entre ese tema se tocó diferentes percepciones sobre la felicidad falsa de las personas en las redes sociales, el hermano Bernardo considera que habla de todo y que debe hacerlo para cuando llegue un alma en busca de una respuesta espiritual. Por medio de palabras, él menciona que los transmisores de la gracia de Dios son los sacramentos. Y recuerda una frase de San Ignacio de Loyola: “Nunca hables de Cristo, pero vive de tal forma que te pregunten: “oiga y usted qué come”, menciona riendo. Al hermano Bernardo le gusta contar historias, en cada sesión de conversación con él fue un aprendizaje continuo sobre santos, frases, historias, mitos, creencias, estilos de vida y mucho más. Su léxico es profundo, claro, breve, tiene una buena oratoria, se desenvuelve muy bien con los jóvenes que van en busca de encuentros. Es considerado uno de los hermanos más divertidos junto con el hermano Juan María y el hermano Ignacio, en cada oportunidad que tuve de observarlos siempre los vi con una sonrisa en su rostro, carcajeándose o hablando con algún feligrés.

Yugo
A las 6 de la tarde empieza su momento de silencio y regocijo, salen de la oración a las 7:30 pm y en seguida van a dormir, entre menos hablen en la noche, mejor. De lunes a viernes se levantan a las 4 de la mañana, aún están en silencio, salen de sus ermitas a hacer deporte, en la parte alta de la montaña tienen una cancha donde juegan fútbol, algunos trotan, otros se ejercitan en la máquina, y otros ermitaños como el padre Elías salen a montar bicicleta en ocasiones. A las 5:00 am van a ducharse y desayunan. A las 6:00 am acuden a la misa. Menciona el hermano Bernardo que cuando juegan fútbol y hacen un gol lo tienen que gritar en sus adentros.

Una vez al mes se realiza el ágape, una celebración donde comparten un día completo y donde todos los ermitaños se reúnen, preparan y comparten el desayuno, el almuerzo y la comida, los hermanos debaten, hablan, caminan, ven películas, realizan actividades en grupo y ese día no se trabaja.
Una mañana entre semana noté que estaban en el ágape y detenidamente escuché cómo cantaban una liturgia santísima a acapella. Sus voces intermediaban paz y secretismo en la más inocente palabra.
“La soledad es difícil, hay días que uno se siente bien estando así, hay días que no, uno se siente totalmente solo, todo eso implica sufrimiento, penitencia y sacramento de la confesión”.
-Hermano Bruno María.


Conclusiones
Los informantes concuerdan generalmente en su estilo de vida y la percepción de su comunidad religiosa frente a la sociedad civil haciendo énfasis en la manera en cómo se desenvuelven individual y colectivamente en su diario vivir contemplativo y eucarístico; su yugo, el fortalecimiento espiritual, sus labores, sus prácticas, sus ritualidades, sus estudios y sus sacrificios como características propias para obtener la deliberación espiritual que ellos mediante sus ritualidades practican.
El estudio, visibiliza también la percepción que tienen los feligreses que participan cada fin de semana en la eucaristía frente a la cotidianidad de la comunidad ermitaña investigada; los medios de comunicación son una parte clave en el conocimiento de esta comunidad, debido a que se crea un conjunto de palabras que no son fieles a la realidad de la vida monástica de la que forman parte los religiosos; en algunas circunstancias modifican la información otorgada por los religiosos utilizando la espectacularización como fuente vital para generar interés por la noticia, contribuyendo a la desinformación y promoviendo la estigmatización de su comunidad, haciéndola ver ante el mundo como una vida altamente estricta sin profundizar en la comprensión y conocimiento de esta particular forma de vida.
Esta investigación permitió evidenciar en profundidad el significado de cada ritualidad y percepción por parte de los ermitaños de la comunidad, analizando las diferentes perspectivas de la construcción en su contexto social y visibilizando detenidamente cada una de las características que la conforman.
Al investigar los estudios anteriores sobre la comunidad por parte de algunos medios de comunicación, se percibe de ante mano una clara distorsión del manejo de información y cómo es abarcada desde la realidad, moldeándola según el interés propio del medio de difusión. Diarios como El Espectador o El Tiempo hacen análisis mediáticos olvidando el factor principal, la investigación y neutralidad.
De la información recogida por parte de los informantes religiosos de la comunidad ermitaña de Piedecuesta, se pudo observar que en esta comunidad se recrea un ambiente cultural y social muy amplio, cada ermitaño se encarga diariamente de cumplir sus labores, también funcionando como una familia. Cada día un ermitaño según el día se encarga de la panadería, consejería, aseo general, preparación de alimentos, carpintería, jardinería, entre otras actividades más.
Los informantes tienen ciertas similitudes en sus percepciones de vida, construyen con cada aprendizaje un conjunto de ideas colectivas firmes y claras para abordar temáticas religiosas como: la vocación, el llamado de Dios, sacrificios en la vida consagrada, la relación entre los demás ermitaños de la comunidad y los feligreses.
El papel de la comunicación es ameno, debido a sus formas tradicionales de conversación y al silencio constante en el que se desenvuelven. La prudencia es una característica propia de la comunidad religiosa.
Es muy importante tener en cuenta que, los medios de comunicación son agentes influyentes en la cognición de los individuos, y a medida en que se base una información esta va a llegar de la misma manera o distorsionará el contenido creando una imagen favorable o desfavorable de una noticia. Se observó que los medios de difusión mencionados anteriormente tergiversan la información con referente a la vida de los ermitaños, describiéndolos como “personas estrictas”, “hombres alejados de la sociedad”, “ermitaños con una rigurosa dieta”, “hombres abnegados a los placeres materiales”, y muchos prejuicios más, muy lejos de la realidad.
Fundamental ante este proyecto de investigación es importante tomar conciencia del estudio que esclarece las tradiciones y un profundo acercamiento íntimo con el objeto a tratar, sugiere temáticas ampliamente importantes para comprender diferentes percepciones que susciten la pasión o el interés del espectador, además de una fiel descripción de lo retratado por la comunidad religiosa, sin distorsionar ningún tipo de información.
El ser humano es social por naturaleza, y lo que en los ermitaños renace es el espíritu puro de estar más cerca a Dios, enaltecer sus obras y pensamientos, imitar el estilo de vida que Jesús llevaba con los 3 votos evangélicos de la Iglesia: Obediencia, pobreza y castidad. Los ermitaños eucarísticos se desprenden de todo bien material, se alejan de su familia y junto a un proceso de discernimiento crean códigos de análisis propios de la historia monástica para la conversión total de cuerpo, alma y espíritu.

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